Aurora Monge, profesora titular de la Escuela de Arquitectura y miembro del grupo de investigación SAVIArquitectura (Sostenibilidad Ambiental Vivienda Industrialización y Arquitectura) de la Universidad de Navarra, dice:
“Se trata de un estudio publicado en The Lancet Global Health, con una rigurosa revisión por pares, atendiendo a una investigación de alto impacto. La temática es especialmente relevante para España, país considerado hotspot en relación con los impactos del cambio climático, y especialmente del aumento de las temperaturas, como es el objeto del estudio.
Los estudios realizados en relación con la temática generalmente se enfocan en los riesgos y adaptación de los ambientes interiores o de los ambientes exteriores. Es interesante el enfoque del artículo, al suponer que una adaptación de los espacios interiores no es suficiente para la salud de las personas, y cómo el ejercicio físico es un derecho universal, que debe poder hacerse en condiciones ambientales seguras.
Este estudio cuantifica el impacto en la salud de la inactividad física con un impacto mundial de distinto alcance y pone de relieve la necesidad de adaptar los espacios exteriores. Acorde al estudio, el impacto en España se mantiene igual en los distintos escenarios supuestos para 2050, con una ratio de mortalidad asociada a la inactividad física de un 8 %, superior a la de otros países del sur de Europa como Francia, Grecia o Italia, al menos, en los supuestos menos severos.
Finalmente, dadas las actuales condiciones ya más cálidas que estamos sufriendo, creo que no es suficiente con estrategias de adaptación climática puntual, sino que, partiendo de un diagnóstico detallado, es necesaria una apuesta clara por estrategias de adaptación, aprendiendo de climas más cálidos o de casos de éxito en el medio urbano. La apuesta decidida por estrategias basadas en la naturaleza ofrece una oportunidad con múltiples cobeneficios desde un punto de vista de adaptación también a otros impactos del cambio climático y otros beneficios adicionales de salud y bienestar. Posibles ejemplos van desde aumentar las ratios de arbolado y superficie permeable en el medio urbano o renaturalización de patios escolares, hasta acondicionamiento de riberas de ríos para las personas, entre otros”.
No declara conflictos de interés.
Anna Cabré, científica del clima asociada a la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), dice:
“El calor extremo o prolongado en el tiempo afecta directamente a nuestra salud, sobre todo porque está asociado a problemas del sistema cardiovascular. También tiene efectos indirectos: por ejemplo, puede alterar funciones básicas como el sueño, lo que a su vez repercute en la salud y en la productividad. El calor también afecta a la alimentación y a nuestros hábitos saludables. Este estudio analiza precisamente uno de estos efectos indirectos, cómo el calor influye en el sedentarismo, un factor de riesgo importante asociado a mortalidad prematura. Los resultados muestran que, basándose en las relaciones históricas entre temperatura y niveles de actividad física, para 2050 podría producirse un aumento cercano al 10 % en las muertes atribuibles al sedentarismo inducido por el calor, especialmente en países más vulnerables y con menos recursos para adaptarse.
Estos hallazgos introducen una nueva dimensión de la justicia climática, ya que las poblaciones con menos capacidad de adaptación podrían sufrir de forma desproporcionada estos impactos indirectos del calor. Al mismo tiempo, el estudio abre una línea importante de investigación y acción: cómo diseñar ciudades y entornos urbanos que permitan mantener la actividad física incluso en condiciones de calor, mediante soluciones como espacios sombreados, infraestructura verde, horarios adaptados o entornos urbanos que reduzcan la exposición térmica”.
No declara conflictos de interés.
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