Ignacio Martín Lerma, profesor de Prehistoria de la Universidad de Murcia, dice:
“Este estudio aporta un dato relevante para comprender mejor la interacción entre neandertales y humanos anatómicamente modernos. El patrón genético que identifica, compatible con un sesgo sexual en los episodios de mestizaje, introduce un matiz interesante en nuestra reconstrucción de ese contacto. Conviene recordar, no obstante, que se trata de inferencias demográficas basadas en modelos poblacionales y no de evidencia directa sobre comportamientos concretos.
Desde la arqueología sabemos que el encuentro entre ambos grupos fue un proceso prolongado y diverso, desarrollado en distintos territorios y contextos culturales. Si el mestizaje estuvo mayoritariamente protagonizado por varones neandertales y mujeres humanas modernas, ello apunta a dinámicas sociales específicas —posiblemente relacionadas con movilidad, estructura de grupo o desequilibrios demográficos—, aunque no permite definir cómo fueron exactamente esas interacciones.
Este trabajo matiza y enriquece el relato del encuentro entre neandertales y humanos modernos y muestra que seguimos profundizando, con nuevas herramientas, en la comprensión de un episodio clave de nuestra historia evolutiva”.
No declara conflictos de interés.
Javier Baena Preysler, catedrático de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Madrid, dice:
¿La nota de prensa refleja el estudio con precisión?
“Sí, queda algo limitada posiblemente al contenido del artículo, pero es clara y refleja bien el estudio. No obstante, suele ser frecuente que buena parte de las interpretaciones de índole antropológica o histórica carezcan de un fundamento arqueológico, circunstancia que, sin querer menospreciar el trabajo, suele ser frecuente”.
¿El estudio es de buena calidad?
“El trabajo es muy interesante, aunque me temo que algo limitado en su interpretación, afirmación que hago desde el desconocimiento del trabajo en su conjunto. Por otro lado, dado que se limitan al ámbito paleogenético yo diría que sí que están respaldadas”.
¿Cómo encaja este trabajo con la evidencia existente?
“Pues esa es la gran clave. Los resultados obtenidos son de enorme interés, en especial al analizar las relaciones que ambos grupos poblacionales pudieron tener en momentos antiguos. Las implicaciones a nivel tecnocultural y de movilidad pueden ser tan interesantes como el tipo de interrelación por sexos producida”.
¿Hay limitaciones importantes que haya que tener en cuenta?
“En general, estos estudios paleogenéticos suelen adolecer de falta de integración de los datos arqueológicos. Los resultados deben interpretarse en un contexto en el que ambos grupos humanos desarrollan estrategias diferenciadas y poseen una historia claramente distinta. Por ello, la existencia de un cruce específico en fechas relativamente antiguas merece una interpretación más profunda desde el registro existente”.
¿Cuáles son las implicaciones para el mundo real?
“Más allá de lo anecdótico de los resultados obtenidos, a escala histórica y en especial para nuestra vida real las implicaciones son menores. Ya sabíamos de este cruce, si bien con los datos actuales somos capaces de analizarlo con mayor detalle antropológico y cronológico. En todo caso, nos tiene que enseñar que la configuración de nuestra especie ha sido el resultado de complejos procesos de hibridación en los que los actos individuales han tenido su papel”.
Declara no tener conflictos de interés.
José Yravedra Sainz de los Terreros, catedrático del departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid, dice:
“El estudio abre un aspecto interesante que da para discutir sobre ello. No obstante, hay aspectos que no son comentados y que podrían ser interesantes de tratar.
Una explicación alternativa podría ser que en los últimos grupos neandertales hubiera pocas mujeres, lo que obligaba a que hubiera más movilidad, y en esa movilidad mujeres sapiens pudieron haber tenido esa mayor relación con neandertales. No debemos olvidar el ejemplo del Sidrón, donde aparecen un grupo de neandertales con varones relacionados entre sí por un gran parentesco, al contrario que las tres mujeres, que aparentemente no tienen relación genética con el resto del grupo”.
No declara conflictos de interés.